
Por: Bernardo Sabisky
Hay años que marcan un antes y un después. En el sistema aerocomercial argentino, 2025 fue uno de esos. No se trató de una recuperación tímida ni de un repunte circunstancial. Fue algo más profundo, más estructural. La aviación local cambió de lógica, de ritmo y, sobre todo, de horizonte. Dicho en criollo, pero bien dicho: el sector entró en otra etapa.
La foto general muestra una oferta internacional que superó los 9,3 millones de plazas. El dato impresiona, claro, pero lo más interesante está en lo que no se ve a simple vista. Ese crecimiento no quedó concentrado en Buenos Aires ni respondió a una sola variable. Hubo decisiones de fondo, nuevas reglas de juego y una reconfiguración que impactó en todo el país.
Cielos abiertos: la decisión que movió el tablero
La política de “cielos abiertos”, impulsada desde fines de 2023, fue el punto de partida de este cambio. Al dejar atrás restricciones históricas y permitir que las aerolíneas definan rutas y frecuencias según la demanda real, el mercado empezó a comportarse de otra manera. Más competencia, más opciones y un sistema mucho más dinámico.
La apertura no se limitó a los vuelos internacionales. También alcanzó al cabotaje, donde se habilitó la participación de operadores extranjeros mediante acuerdos de reciprocidad. Para fines de 2025, Argentina ya había firmado este tipo de entendimientos con 15 países. Detrás de cada acuerdo hay algo concreto: rutas nuevas, aviones de mayor capacidad y ciudades que vuelven a estar conectadas con el mundo.
América Latina toma impulso
La región fue el motor más visible del crecimiento. Brasil reforzó su lugar como principal socio aéreo del país y amplió frecuencias, mientras que destinos turísticos comenzaron a recibir vuelos directos desde el interior. En muchos aeropuertos se repitió la misma escena: más movimiento, más pasajeros y una sensación clara de que volar dejó de ser algo excepcional.
El Caribe también ganó protagonismo. La República Dominicana, en particular, pasó de ser un destino esporádico a consolidarse como uno de los mercados con mayor expansión. Nuevas aerolíneas, tarifas competitivas y cambios en los requisitos migratorios ayudaron a sostener un flujo que promete continuidad.
Estados Unidos y Europa: crecer con estrategia
En los vuelos de larga distancia, el crecimiento fue más medido, pero estratégico. Estados Unidos fortaleció su presencia con una apuesta clara al segmento premium. American Airlines amplió frecuencias e incorporó aviones de última generación, apuntando a un pasajero que busca comodidad en trayectos largos.
Europa también mostró señales firmes. España se consolidó como una puerta de entrada clave, mientras que Países Bajos y Francia ajustaron su oferta con aeronaves de mayor capacidad. El mensaje fue consistente: Argentina volvió a ser un mercado atractivo para las grandes ligas de la aviación.
El interior despega sin pasar por Buenos Aires
Uno de los cambios más relevantes fue la federalización real del sistema. Durante 2025, los aeropuertos del interior registraron un crecimiento fuerte en pasajeros internacionales. Córdoba, Rosario, Salta y Mendoza sumaron rutas directas y redujeron su dependencia de Ezeiza.
Esto, que puede sonar técnico, tiene un impacto muy concreto. Menos escalas implican menos tiempo de viaje, menores costos y más oportunidades para las economías regionales. De a poco, el país empezó a conectarse con el mundo desde varios puntos al mismo tiempo.
Pasajes más accesibles y un mercado doméstico activo
La desregulación tarifaria se sintió en el bolsillo. En promedio, los precios de los vuelos de cabotaje bajaron de manera significativa, impulsados por la competencia entre aerolíneas tradicionales y compañías de bajo costo. El resultado fue un mercado doméstico más activo, que terminó funcionando como sostén del crecimiento internacional.
Viajar más barato no solo mueve turismo. También conecta provincias, reactiva actividades y vuelve viables rutas que antes no lo eran.
Aerolíneas Argentinas y un nuevo equilibrio
En este nuevo escenario, Aerolíneas Argentinas atravesó su propio proceso de transformación. Con una reestructuración interna y un ajuste en su esquema de costos, la empresa proyecta operar sin transferencias del Tesoro en 2026. La apuesta pasa por la eficiencia, la inversión con recursos propios y una presencia sólida en mercados regionales clave.
El contexto es competitivo, pero el objetivo es claro: demostrar que es posible sostener una aerolínea de bandera en un mercado abierto.
Aeropuertos que acompañan el crecimiento
Nada de este proceso sería viable sin infraestructura. Durante 2025 y 2026 se puso en marcha un plan de modernización en aeropuertos estratégicos. Ezeiza incorporó sistemas automáticos de migraciones y optimizó áreas operativas, mientras que varias terminales del interior ampliaron su capacidad para recibir vuelos internacionales.
Son mejoras que no siempre se notan a simple vista, pero se sienten cuando el viaje es más ágil y previsible.
Un cierre con horizonte
El balance de 2025 deja una conclusión clara: la aviación argentina no solo se recuperó, sino que se reinventó. Con reglas más flexibles, inversiones concretas y una mirada verdaderamente federal, el país volvió a integrarse al mapa aéreo global.
De cara a 2026, las proyecciones anticipan más rutas, más pasajeros y un sistema que sigue ajustándose. El desafío será sostener este ritmo y no perder competitividad. Por ahora, el despegue ya está en marcha.
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