
Por: Bernardo Sabisky
La Selección Nacional cerró una campaña invicta en Hungría y derrotó a Turquía por 23 a 18 en una final emocionante
La Selección Argentina de Básquet para Personas con Síndrome de Down alcanzó un logro histórico al consagrarse campeona de la Copa del Mundo 2026 disputada en Hungría. El equipo nacional derrotó a Turquía por 23 a 18 en la final y cerró un torneo perfecto, sin conocer la derrota.
La conquista representa uno de los mayores hitos del deporte adaptado argentino y premia años de trabajo, esfuerzo y compromiso de deportistas, entrenadores y familias que acompañaron este proceso.
El camino hacia el título estuvo marcado por una notable superioridad colectiva. En la fase de grupos, Argentina superó con contundencia a Hungría por 36 a 8, luego venció a Turquía por 29 a 14 y completó la primera etapa con una victoria frente a Finlandia por 34 a 14. Con esos resultados, el seleccionado avanzó invicto hacia las instancias decisivas.

La final volvió a enfrentar a argentinos y turcos. Esta vez el desarrollo fue mucho más equilibrado, pero el conjunto albiceleste mostró carácter, concentración y eficacia en los momentos clave para quedarse con la victoria por 23 a 18 y levantar el trofeo mundial en la ciudad de Körmend.
La campaña tuvo además un valor especial porque llegó apenas un año después del subcampeonato mundial obtenido en Italia durante 2025, experiencia que sirvió como impulso para consolidar un proyecto deportivo que hoy alcanza su máxima recompensa.
Entre los jugadores que integran esta histórica generación campeona se destacan Agustín Bartolotto y Angelo Fregonese, ambos de Mar del Plata; Camilo Martínez, de Pilar; Tomás Roldán y Martín Mendiara, de General Pico; y Claudio Johansen, Néstor Albarenque y Tobías Albarenque, representantes de Exaltación de la Cruz.

La diversidad de procedencias refleja el carácter federal de un plantel que reunió talentos de distintos puntos del país con un objetivo común: representar a la Argentina en la máxima competencia internacional.
Más allá de la medalla dorada, la consagración simboliza el crecimiento del deporte para atletas con síndrome de Down y el reconocimiento a una generación que derribó barreras a fuerza de dedicación y perseverancia.
Con la copa en sus manos y el orgullo de haber escrito una página inolvidable para el deporte nacional, los campeones emprenden ahora el regreso al país, donde serán recibidos por familiares, clubes y comunidades que siguieron de cerca una hazaña que ya forma parte de la historia.
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