
Por: Bernardo Sabisky
Hay números que, cuando aparecen en una planilla oficial, dicen más de lo que parece. 50,6 millones de pasajeros no es solo una cifra prolija para un cierre de año: es una señal. En 2025, la aviación comercial argentina alcanzó el mayor volumen de viajeros de toda su historia y consolidó un cambio profundo en la manera de volar —y de pensar— la conectividad aérea del país.
Lo confirmó la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC): exactamente 50.646.921 personas pasaron por los aeropuertos argentinos durante el año. Nunca antes había ocurrido algo así. Ni siquiera cerca.
Un récord que no cayó del cielo
Conviene detenerse un segundo. Este resultado no aparece por generación espontánea. Pasaron menos de dos años desde la implementación de la política de cielos abiertos, una reforma estructural que desreguló el sector, redujo trabas históricas y habilitó el ingreso de nuevas aerolíneas. La clave —la verdadera clave aquí es— que el impacto empezó a notarse de forma sostenida.
En términos concretos, el volumen total de pasajeros creció 9 % respecto del récord previo de 2023 y 12 % frente a 2024. No es un salto aislado: es una tendencia que, por ahora, no muestra fatiga.
Vuelos internacionales: más movimiento, más desequilibrio
El segmento internacional fue uno de los motores del crecimiento. En 2025, 15,9 millones de pasajeros salieron o ingresaron al país en vuelos internacionales, superando en 6 % el máximo histórico de 2018 y marcando un 18 % de aumento interanual.
Ahora bien —y acá aparece el matiz— el flujo no fue equilibrado. Según datos del INDEC, 11,8 millones de argentinos viajaron al exterior, mientras que 5,3 millones de turistas extranjeros ingresaron al país. El resultado es un saldo neto negativo de más de 6,5 millones de personas. Un dato que no invalida el récord, pero sí invita a una lectura más cuidadosa.
El cabotaje también despegó
El mercado interno tampoco se quedó atrás. La aviación de cabotaje movilizó 34,7 millones de pasajeros, superando el récord de 2023 y registrando un crecimiento del 9 % respecto de 2024.
No fue una expansión explosiva, es cierto. Pero sí consistente. Y, en un país extenso como Argentina, esa consistencia importa: habla de recuperación de la demanda y de una red de destinos que vuelve a ensancharse, de a poco, sin estridencias.
Más rutas, más interior, menos Buenos Aires
Entre los hitos más relevantes de la política de cielos abiertos aparece un dato que suele pasar rápido por el texto, pero merece subrayado. En 2025, 2,1 millones de pasajeros volaron al exterior directamente desde el interior del país, sin pasar por Buenos Aires. Es un 38 % más que en 2024.
Detrás de ese número hay decisiones concretas: 63 nuevas rutas autorizadas, la incorporación de aerolíneas con aviones de menor porte y la llegada de nuevos operadores internacionales. Aeropuertos como Salta, Córdoba y Bariloche lideraron el crecimiento, con aumentos superiores al 50 % en pasajeros internacionales.
No es un detalle técnico. Es un cambio de paradigma.
Una industria que vuelve a confiar
Los números, cuando se los mira en conjunto, cuentan una historia clara. Con reglas más previsibles y mayor apertura al sector privado, la aviación argentina recuperó dinamismo y escala. No se trata solo de récords —que siempre son tentadores para el titular— sino de una red aérea que volvió a expandirse, a diversificarse, a conectar.
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