
Por: Bernardo Sabisky
La reciente renuncia de la subsecretaria de Turismo de Río Negro, Marisol Martínez, ha desatado un debate sobre la eficacia y la coordinación de la nueva Agencia de Turismo (ATUR) en la provincia. Su salida, que se presentó como una decisión motivada por «razones profesionales» y un enfoque «más territorial», ha destapado una serie de desacuerdos sobre la estructura organizativa y las metodologías de trabajo impulsadas por este nuevo organismo, creado hace poco más de un año.
La crisis interna en la Agencia de Turismo de Río Negro
El ámbito turístico de la provincia atraviesa una etapa compleja. Si bien la ATUR fue creada con la intención de mejorar la coordinación entre el sector público y privado, su funcionamiento ha estado marcado por tensiones internas. La creación de la Agencia en 2024 estuvo acompañada de esperanzas, pero también de desafíos logísticos y organizativos que se han evidenciado con la reciente renuncia de Martínez.
Martínez, quien tiene una sólida trayectoria en la actividad turística, especialmente vinculada a Las Grutas, no compartía ciertos enfoques adoptados por la ATUR. Uno de los puntos críticos que se han señalado es la centralización de la gestión en Buenos Aires, con Diego Piquín —exdirector del Emprotur Bariloche— como titular. Este modelo ha generado fricciones con los actores locales, que consideran que la dirección ejecutiva, al estar alejada de Río Negro, dificulta la implementación efectiva de políticas en terreno.
Desacuerdos sobre la estructura organizativa
El principal cuestionamiento sobre la ATUR está relacionado con su capacidad para articular las políticas turísticas de manera eficiente. De acuerdo con fuentes internas, la centralización de la gestión en Buenos Aires y la falta de diálogo fluido con los actores provinciales han llevado a una disminución del trabajo territorial. “No se deja ayudar” es una de las expresiones que circulan entre trabajadores y funcionarios de la provincia, quienes lamentan la falta de cooperación y flexibilidad en la nueva estructura.
La ATUR, que fue diseñada para llevar adelante tareas de promoción, difusión y coordinación público-privada, aún no ha logrado consolidarse completamente. A pesar de contar con un presupuesto y un equipo técnico, las diferencias metodológicas con la estructura estatal anterior han complicado el avance de sus objetivos. Esto ha generado incertidumbre sobre el futuro de las políticas turísticas en Río Negro y sobre si el Estado podrá recuperar el control de la agenda pública en este ámbito.
Un año de demoras y cambios estructurales
La creación de la ATUR no estuvo exenta de obstáculos. La Agencia, que debía comenzar a operar a pleno en 2024, sufrió demoras en su implementación. El cargo de director ejecutivo fue cubierto recién en agosto de 2025, y la Legislatura aprobó una prórroga para que el ente pudiera funcionar en su totalidad. Esta falta de agilidad en la puesta en marcha de la Agencia y las sucesivas modificaciones en su estructura interna han generado un clima de incertidumbre que se refleja en las renuncias y la falta de consenso en el sector.
El diseño inicial de la ATUR apuntaba a fomentar la colaboración entre el sector público y privado para potenciar el turismo en Río Negro, pero los primeros meses de operación han mostrado dificultades para alcanzar ese objetivo. La centralización de la gestión y los problemas de comunicación con los actores locales han dejado al descubierto una serie de desafíos que aún no han sido resueltos.
¿Qué sigue para el turismo en Río Negro?
La salida de Marisol Martínez pone sobre la mesa una serie de interrogantes acerca del futuro de la ATUR y de las políticas turísticas en Río Negro. La falta de una estructura sólida y la dificultad para integrar los diversos actores del sector generan dudas sobre la capacidad de la Agencia para consolidarse como un ente eficaz. Además, la continuidad del modelo de gestión centralizada en Buenos Aires, a pesar de los cuestionamientos, plantea un desafío adicional para el fortalecimiento del turismo en la provincia.
Con la renuncia de Martínez, se abre una nueva etapa en la que será necesario redefinir las metodologías de trabajo, equilibrar la relación entre la Agencia y el sector público, y, sobre todo, garantizar que las políticas turísticas respondan a las necesidades de los destinos y comunidades locales. Solo así podrá Río Negro alcanzar su potencial turístico y asegurar el desarrollo sostenible del sector.
La renuncia de Marisol Martínez, subsecretaria de Turismo de Río Negro, ha puesto en evidencia las dificultades que enfrenta la Agencia de Turismo (ATUR) para coordinar eficazmente las políticas públicas en el sector. Las tensiones internas, la centralización de la gestión en Buenos Aires y la falta de consenso entre los actores locales y provinciales han frenado el desarrollo de una agenda clara y eficaz para el turismo en la región. En este contexto, la situación plantea interrogantes sobre el futuro de la ATUR y la capacidad del Estado para fortalecer las políticas turísticas de Río Negro.
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