
Por: Bernardo Sabisky
El 19° Encuentro Argentino de Turismo Religioso, EATR 2026, se realizará del 7 al 10 de mayo en Junín de los Andes, Neuquén, y en un contexto donde el turismo busca reinventarse, este evento aparece como una especie de bisagra, un punto de encuentro entre fe, territorio y desarrollo. Y sí, también como una oportunidad concreta para posicionar al turismo religioso en Argentina dentro de un mapa más amplio, más integrado, incluso regional.
Un encuentro que combina territorio, fe y estrategia
El EATR 2026 se desarrollará en formato presencial y virtual, con transmisión en vivo y acceso mediante inscripción gratuita anticipada. Esto, dicho así, suena estándar. Pero no lo es tanto cuando uno mira el detalle.
Junín de los Andes, en plena Patagonia, será el escenario de este cruce entre actores del sector público, especialistas y comunidades locales. El evento coincide además con el 2° Salón Mercosur de Turismo Religioso, lo que amplía el enfoque hacia una mirada más regional.
La clave, la verdadera clave aquí es esa combinación. No se trata solo de exponer destinos, sino de pensar cómo se construye una experiencia espiritual que, al mismo tiempo, sea sostenible y económicamente viable.
Cronograma, más que actividades, una narrativa
Jueves 7 de mayo, apertura y primeras definiciones
La jornada inaugural arranca temprano, con acreditaciones y un acto protocolar. Hasta ahí, lo esperable. Pero luego aparecen los primeros ejes que ordenan todo el encuentro.
Se presentará el Camino de la Fe, una iniciativa que apunta a consolidar circuitos religiosos en el país. También se abordará el posicionamiento de Junín de los Andes como destino espiritual, lo cual, dicho sea de paso, no es nuevo, pero sí cada vez más estratégico.
Un momento que promete atención es la conferencia sobre la Ruta Binacional de la Fe, que conecta Argentina con Chile. Hay ahí, quizás, una idea más ambiciosa, integrar territorios a partir de relatos compartidos.
Y entre las exposiciones, aparece una figura central, Ceferino Namuncurá. Su legado, abordado en una charla específica, funciona como ancla simbólica del encuentro.
La jornada cierra con una visita guiada a sitios religiosos y la proyección del documental sobre el Vía Christi. Un cierre que, más que informativo, parece pensado para emocionar. Y eso también cuenta.
Viernes 8 de mayo, tecnología, patrimonio y proyección
El segundo día se mueve en otra frecuencia. Más técnica, si se quiere.
Se hablará de gestión de cementerios patrimoniales, un tema que no suele ocupar titulares, pero que forma parte del turismo cultural. También se abordará el uso de tecnología en el turismo religioso, una tensión interesante, tradición y modernidad conviviendo, no siempre sin fricciones.
Uno de los puntos más atractivos es la comparación entre el Camino de Santiago de Compostela y el Camino del Cura Brochero. Dos experiencias distintas, sí, pero unidas por una lógica de peregrinación que trasciende geografías.
El cierre institucional incluye la presentación de la sede 2027 y la entrega de certificados. Pero la agenda sigue, con talleres para jóvenes y visitas al Parque Escultórico Vía Christi. Hay una intención clara de incluir nuevas generaciones.
Sábado 9 de mayo, experiencia en territorio
El último tramo del evento propone algo distinto. Salir. Caminar. Ver.
La salida de campo incluye visitas a la Comunidad San Ignacio, el Santuario Ceferino Namuncurá, el Cerro de la Cruz y el Lago Huechulafquen. Es, en esencia, una inmersión en el territorio.
Porque el turismo religioso, y esto conviene decirlo sin rodeos, no se entiende del todo en una sala de conferencias. Necesita paisaje. Necesita silencio. Necesita, incluso, cierta incomodidad.
Perspectivas, entre desarrollo y autenticidad
El crecimiento del turismo religioso plantea oportunidades evidentes. Genera حركة económica, impulsa destinos menos masivos y fortalece identidades locales.
Pero no todo es lineal. Existe un riesgo, que no siempre se menciona, la sobrecomercialización de experiencias espirituales. Cuando la fe se convierte en producto, algo se pierde en el camino. O se transforma. No está del todo claro.
Por eso, encuentros como el EATR intentan, al menos en teoría, equilibrar esa tensión. Profesionalizar sin vaciar de sentido. No es sencillo.
Un llamado a participar, pero también a pensar
La inscripción es gratuita y el acceso virtual amplía el alcance del evento. Eso facilita, claro, la participación. Pero también invita a algo más.
A repensar el turismo desde otro lugar. Menos inmediato, menos acelerado. Más vinculado con lo simbólico.
Y en un momento donde todo parece medirse en métricas, en clics, en resultados rápidos, detenerse en estos temas resulta, cuanto menos, necesario.
Una oportunidad que trasciende el evento
El EATR 2026 no es solo una agenda de actividades. Es, en cierto modo, una conversación abierta sobre cómo se construyen experiencias turísticas con sentido.
Junín de los Andes será el escenario, sí. Pero el debate es más amplio. Involucra a gestores, viajeros y comunidades.
Queda, entonces, una invitación. Participar, observar, cuestionar. Porque el turismo religioso, bien entendido, no es solo desplazarse. Es, quizá, una forma distinta de mirar.
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