
Por: Bernardo Sabisky
Si estás por arrancar en este mundo del periodismo turístico, hay un par de cosas que los libros de técnica no te cuentan y que yo aprendí a los golpes, después de años de patear aeropuertos y redacciones. La fotografía en nuestro oficio no es «sacar fotos lindas» para que la gente diga «qué ganas de estar ahí». Lo nuestro es otra cosa: es narrar, es meter el dedo en la llaga de la cultura y, sobre todo, es una cuestión de ética.
El pecado de la mirada: ¿Estamos informando o «exotizando»?
Cuando sos nuevo, lo primero que querés hacer es retratar lo que te parece «raro». Ves a alguien con una vestimenta típica o una costumbre distinta y el dedo te pica en el disparador. Ojo con eso. Históricamente, el registro visual de sociedades lejanas estuvo viciado por una visión muy colonialista, muy de «mirá qué curioso este buen salvaje». Eso hoy no va más, o no debería ir.
La clave —la verdadera clave aquí— es pasar de la antropología visual al periodismo humano. Robert Flaherty, un pionero, convivía con la gente pero a veces los terminaba caricaturizando. En cambio, tenemos que ir por el lado de Jean Rouch y su «antropología compartida». ¿Qué significa esto para vos que recién empezás? Que el «otro», esa persona que tenés frente al lente, no es un objeto de estudio. Es un sujeto que habla, que desea y que tiene que participar en su propia imagen.
Un consejo de viejo: Antes de sacar la cámara de la mochila, hablá. Tomate un mate, preguntá el nombre. Dejá que el «subalterno» —como dicen los que saben de teoría poscolonial— te devuelva la mirada. Rompé esa unidireccionalidad de la cámara. Si lográs un diálogo, la foto sale sola y tiene alma.
El dominio de la técnica sin volverse un robot
Sé que estás pensando: «Pero yo no sé nada de diafragmas ni de ISO». Tranquilo, la técnica se aprende, pero el ojo se entrena. El periodismo de viajes es un lío porque tenés que ser retratista, paisajista y fotógrafo urbano, todo al mismo tiempo y bajo un sol que te parte o una lluvia que te empapa.
Para organizar el caos que ves, tenés que usar la composición:
La Regla de los Tercios: No pongas todo en el medio, que queda aburrido. Imagina una grilla y poné lo importante en las intersecciones.
Marcos Naturales: Si vas a sacar una plaza, hacelo a través de un arco de piedra o entre las hojas de un árbol. Eso le da tridimensionalidad, le cuenta al lector dónde estás parado.
La Luz como materia prima: Olvidate del mediodía. La luz suave del amanecer te da texturas que parecen terciopelo. Y si el clima está feo… ¡mejor! Una tormenta o la niebla te dan una atmósfera emocional mucho más potente que un día celeste de catálogo.
Y acá viene lo que siempre les digo a los chicos que arrancan en la redacción: busquen el «instante decisivo». No es gatillar como un loco a ver qué sale. Es la conjunción perfecta entre el tiempo, el espacio y el contenido humano. Tenés que cultivar la paciencia del pescador.

Del disparo a la novela visual: El ensayo fotográfico
Una foto sola es una frase, pero nosotros queremos escribir una novela. Para un portal de noticias, no mandamos fotos sueltas; mandamos un ensayo. Podés armarlo de dos formas:
Temático: Por ejemplo, «Cómo es la vida en los cafetines de Buenos Aires». Una serie de fotos que giran sobre esa idea.
Narrativo: Esto es el famoso «viaje del héroe». Tenés un principio, un desarrollo del viaje y un final.
Simplificá. Si hay algo en el encuadre que no suma a la historia, sacalo. Cada disparo tiene que ser un puente que conecte emociones, pero siempre —siempre— bajo un compromiso total con la veracidad. No estamos para inventar mundos, estamos para revelar el que tenemos adelante.
La trampa de los «likes» y el respeto por el destino
Hoy parece que si no sacás la misma foto que sacaron todos en Instagram, no viajaste. Es el «cliché instagramero» y es la muerte del periodismo. Como periodista turístico, tenés una responsabilidad ética.
Permiso siempre: Capturar la cara de alguien es meterse en su historia. Pedí permiso, generá confianza. Es respeto mutuo.
Toda foto es una mentira piadosa: Entendé que tu foto es una interpretación, no la realidad absoluta. Sé honesto con eso.
Buscá lo inusual: El desafío es descubrir lo extraordinario dentro de lo que parece común.
La cámara no es una red para cazar trofeos visuales exóticos. Es una ventana que, cuando la abrís bien, permite que el mundo entre y te transforme a vos antes que a tus lectores.
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