
Por: Bernardo Sabisky
La contaminación en La Plata volvió a instalarse en agenda, aunque en realidad nunca se fue del todo. Hay escenas que persisten, que se repiten casi con resignación: un camino de tierra, pescadores avanzando en silencio y, de fondo, un olor penetrante que no deja lugar a dudas.
En la zona de Berisso, cerca del cruce de las avenidas Montevideo y 66, arroyos a cielo abierto descargan residuos cloacales sin tratar directamente en el Río de la Plata. No es una filtración ocasional. Es un sistema que, por deterioro y falta de obras, funciona incompleto desde hace décadas.
Un problema estructural que no se resuelve
El origen del conflicto es tan cotidiano como incómodo de asumir. Los desechos generados por cerca de un millón de personas en Ensenada, Berisso y La Plata terminan, en parte, sin tratamiento adecuado en el río.
Uno de los colectores principales presenta roturas históricas. Por allí, el contenido se desborda y alcanza la costa. Así, sin demasiados rodeos.
Desde la Asociación Civil Nuevo Ambiente lo explican con crudeza: todo empieza cuando alguien tira la cadena. A partir de ese momento, el sistema no garantiza los procesos básicos de depuración.
Qué falta en el sistema
El reclamo no es nuevo. Desde hace más de veinte años se exige la construcción de una planta de tratamiento que incluya procesos físicos, químicos y bacteriológicos completos. Hoy, apenas se realiza un pretratamiento parcial de una fracción de los residuos.
Sin esa infraestructura, el circuito queda a mitad de camino. Y lo que falta… termina en el río.
Qué dicen los estudios
La evidencia científica disponible, aunque limitada, es contundente. Un análisis de la Red de Seguridad Alimentaria del Conicet detectó en muestras de agua, arena y peces:
Bacterias y virus
Parásitos
Toxinas
Microplásticos
Restos de medicamentos
La concentración disminuye a unos 100 metros de la costa por efecto de la corriente. Pero antes de ese punto, el contacto es directo.
Y hay un dato que inquieta (quizás más de lo que debería): la arena retiene hasta diez veces más contaminantes que el agua. No solo circula. Se acumula.
No se detallan cifras específicas de impacto sanitario, lo que deja abierta una pregunta inevitable sobre las consecuencias reales en la población.
Reclamos y una respuesta en pausa
El informe del Conicet fue impulsado por el municipio de Berisso para respaldar un reclamo ante la provincia. No hubo avances.
Más recientemente, la Justicia intervino. El Juzgado Federal N° 4 de La Plata dictó un embargo por daño ambiental contra el Estado bonaerense por más de 110.000 millones de pesos, basado en un peritaje de la Universidad Nacional de La Plata.
El gobierno provincial apeló. El conflicto sigue abierto.
Miradas en tensión
Desde organizaciones ambientales, la postura es directa: sin una planta de tratamiento integral, el problema continuará. No hay solución parcial que alcance.
Desde el Estado, aunque no se detallan argumentos en profundidad, la apelación sugiere una discusión sobre responsabilidades y costos.
Entre ambas posiciones, la situación concreta no cambia demasiado.
Qué está en juego
No se trata solo de una mancha en el agua. La clave, la verdadera clave, es entender que estos vertidos redefinen el vínculo entre la ciudad y su entorno.
Lo que se descarta no desaparece. Permanece, circula, vuelve.
Y vuelve cerca.
Qué falta para avanzar
Las medidas necesarias están bastante claras, aunque no se ejecuten:
Construcción de una planta de tratamiento integral
Monitoreo público y constante de la calidad del agua
Coordinación entre municipios y provincia
Nada de eso parece inmediato.
El río sigue ahí. Los arroyos también. Y en esa franja donde ambos se encuentran, la contaminación dejó de ser una excepción para convertirse, lentamente, en paisaje.
Una normalidad incómoda. Persistente.
Fuente: La Nación
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