La visita del Papa a Perú impulsa el turismo religioso

La visita del Papa a Perú impulsa el turismo religioso

Por: Bernardo Sabisky

El Papa León XIV visitará el Perú entre noviembre y diciembre de este año, según confirmó monseñor Carlos García Camader, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP). La frase, dicha casi al pasar, encendió algo más profundo que una agenda diplomática: volvió a poner al país en el centro del mapa del turismo religioso.

“Cuánto quisiera estar en el Perú, porque amo al Perú”, recordó el prelado. Lo dijo así, simple, sin cálculo aparente. Y a veces —no siempre, pero a veces— esas expresiones espontáneas son las que mueven más cosas que un comunicado oficial.

Una visita papal que trasciende lo religioso

La llegada del Papa León XIV no se lee solo en clave pastoral. Desde hace meses, distintos actores del sector turístico observan el fenómeno con atención, casi con lupa. La Red Mundial de Turismo Religioso, junto con el Ministerio de Comercio y Turismo, PromPerú y CANATUR, viene trabajando para capitalizar un interés que ya estaba en marcha y que ahora toma otro volumen.

La clave, la verdadera clave aquí es entender que el turismo de fe no es un nicho marginal. Es un motor. Silencioso, persistente, y cuando se activa —como ahora— difícil de ignorar.

Chiclayo, Lambayeque y el efecto inmediato del Papa León XIV

Los números ayudan a bajar a tierra la intuición.

Tras la designación de Robert Prevost Martínez como Papa León XIV, se registró un crecimiento del 30% en las llegadas de turistas a Lambayeque, una región directamente asociada a su trayectoria pastoral. No es un dato menor.

Entre enero y agosto de 2025, más de 650.000 visitantes llegaron a la zona, consolidando a Chiclayo como un destino que combina fe, historia y cultura. No es solo devoción. Es movimiento real, concreto, medible.

Rutas religiosas: cuando la fe se organiza en territorio

En ese contexto, el Mincetur lanzó la “Ruta del Papa León XIV”, un circuito que articula iglesias, conventos y espacios culturales vinculados a su paso por Chiclayo.

La idea es clara: integrar el turismo religioso a la oferta cultural y arqueológica de Lambayeque, sin forzar nada. Que el visitante llegue por fe y se quede por todo lo demás —o al revés—. Esa mezcla suele funcionar.

Un dato que no pasó desapercibido: Perú se incorporará en enero de 2026 a la Red Mundial de Turismo Religioso, un paso que formaliza una estrategia que ya estaba en marcha.

Impacto económico: cifras que explican el interés

El turismo religioso no solo convoca multitudes. También mueve recursos.

Para 2025, se proyectan ingresos por S/ 450 millones asociados a festividades religiosas, peregrinaciones y visitas culturales. Hoteles, restaurantes, transporte local: toda la cadena se ve beneficiada. No de manera abstracta. De manera directa.

Además, se impulsaron obras de infraestructura religiosa y cultural mediante mecanismos como Obras por Impuestos, fortaleciendo la capacidad de recibir visitantes y mejorando la experiencia general.

La promoción internacional del llamado “efecto Papa” ya colocó a Chiclayo y Lambayeque en la agenda turística global. No es una promesa. Está ocurriendo.

Las visitas papales y su huella en la historia del Perú

Mirar hacia atrás ayuda a entender lo que viene.

Las visitas de Juan Pablo II movilizaron cifras históricas:

En 1985, más de 1,5 millones de fieles participaron en actividades en ocho ciudades.

En 1988, unas 800.000 personas se congregaron en Lima durante el Congreso Eucarístico Mariano Bolivariano.

Décadas después, el Papa Francisco, en enero de 2018, reunió a 1,3 millones de personas en Lima, Trujillo y Puerto Maldonado. El impacto económico estimado fue de US$ 80 millones, considerando turismo interno y visitantes extranjeros.

No fueron solo eventos religiosos. Fueron hitos sociales, culturales y económicos. En contextos distintos, con mensajes distintos, pero con un denominador común: visibilidad internacional y movilización masiva.

Una oportunidad que va más allá de la agenda

La visita del Papa León XIV se inscribe en esa misma tradición. Con sus propias particularidades, claro. Con un país que hoy entiende mejor el valor estratégico del turismo religioso y con regiones —como Lambayeque— listas para asumir ese protagonismo.

Si algo enseña la historia reciente es que estas visitas dejan huella. En la fe de millones, sí. Pero también en la economía, en la infraestructura y en la forma en que el Perú se muestra al mundo.

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