Legionella en verano: el riesgo en hoteles y spas

Legionella en verano: el riesgo en hoteles y spas

Por: Bernardo Sabisky

El verano aprieta, sube la temperatura, se llenan las piletas y los spas prometen alivio. Todo parece en orden. Y, sin embargo —acá viene el matiz incómodo— hay un riesgo sanitario que suele colarse sin hacer ruido: la bacteria Legionella pneumophila. No se ve. No se huele. Pero cuando aparece, aparece en serio.

Cada año, también en Argentina, los meses de calor traen consigo brotes asociados a hoteles, centros de salud, gimnasios y edificios con sistemas de agua complejos. El patrón se repite. Instalaciones exigidas al máximo, controles laxos, mantenimiento postergado. La combinación perfecta.

Por qué el verano es una época crítica

“La legionella se desarrolla mejor en temperaturas templadas, entre los 20 y los 45 grados”, explica Ana Allende, investigadora científica del Cebas-CSIC, en diálogo con Europa Press. Ese rango térmico —ni frío ni hirviendo— es justamente el que puede alcanzar el agua en muchas instalaciones durante el verano si nadie ajusta nada.

Piscinas climatizadas. Jacuzzis. Duchas de uso colectivo. Torres de enfriamiento de sistemas de aire acondicionado. Todo eso, junto, forma un ecosistema amable para la bacteria. Y si a eso se le suma estancamiento, incrustaciones, corrosión o biofilms en cañerías y tanques, el escenario queda servido.

La clave, la verdadera clave aquí es entender que no se trata de un problema excepcional. Es estructural. Y previsible.

Cómo se transmite la legionella

Un punto que suele generar confusión: la infección no se produce por beber agua. No. El riesgo aparece al inhalar microgotas contaminadas que se dispersan en el aire, en forma de aerosol.

Por eso, los sistemas más vinculados a brotes son aquellos que generan vapor o niebla: torres de refrigeración, condensadores evaporativos, redes de agua caliente sanitaria, fuentes ornamentales, spas, equipos de humidificación y, en algunos casos, riego por aspersión.

Un detalle técnico, sí. Pero fundamental.

Síntomas y cuándo sospechar

La infección puede derivar en una neumonía conocida como enfermedad del legionario. Al comienzo, engaña. Los síntomas se parecen a una gripe intensa:

fiebre alta

tos seca o con expectoración

dificultad para respirar

dolor muscular

cefalea

malestar general

“El diagnóstico se confirma mediante pruebas específicas, como el antígeno urinario, cultivos o técnicas moleculares”, señala Allende. El tratamiento requiere antibióticos y, en los cuadros más severos, internación hospitalaria. El riesgo aumenta en personas mayores o con enfermedades previas. No es un dato menor.

Qué medidas reducen el riesgo

La prevención no es un slogan. Es mantenimiento. Y disciplina técnica.

Los especialistas recomiendan mantener el agua caliente por encima de los 60 °C en tanques y acumuladores, y no menos de 50 °C en grifos y duchas. El agua fría, en cambio, debería mantenerse por debajo de los 20 °C. Parece simple. No siempre lo es.

Otras medidas clave:

evitar el estancamiento mediante purgas periódicas

limpiar y desinfectar tanques, cañerías y difusores

revisar los sistemas de climatización antes y durante el verano

aplicar, cuando corresponde, tratamientos térmicos o químicos de choque

Nada extraordinario. Pero constante.

El rol de los establecimientos y los hogares

En hoteles, hospitales, gimnasios y edificios públicos, la responsabilidad es clara y recae en los equipos de gestión y mantenimiento. Protocolos preventivos. Controles regulares. Registros. Lo básico bien hecho.

En los hogares, el riesgo es menor, pero no inexistente. Se recomienda limpiar termotanques, calefones o tanques que hayan estado sin uso, purgar duchas después de ausencias prolongadas y mantener en condiciones jacuzzis o piletas climatizadas. Son gestos simples. Funcionan.

Un cierre necesario

La legionella no da avisos. No manda señales evidentes. Pero sus consecuencias pueden ser graves. Por eso, los especialistas coinciden en algo que no debería sorprender: el control y la prevención durante el verano son decisivos para reducir riesgos y evitar brotes.

Cuidar el agua, al final, también es cuidar la salud. Y en verano —justamente en verano— conviene no olvidarlo.

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