Pinamar: la frontera donde muere el sentido común

Pinamar: la frontera donde muere el sentido común

Por: Bernardo Sabisky

En Pinamar hay una frontera que no figura en los mapas oficiales. No divide países ni provincias. Divide algo más frágil: el sentido común de la irresponsabilidad total. Se llama, con una ironía casi cruel, La Frontera. Y cada verano confirma que el nombre no es casualidad.

Del lado de acá, el folleto turístico, la promesa de descanso, la foto prolija para redes. Del otro —apenas unos metros de médanos más allá—, cuatriciclos lanzados como misiles, UTVs cargados como colectivos en hora pico y camionetas que confunden arena con pista. El resultado es conocido, repetido, tristemente previsible: más de 250 accidentes al año, heridos graves, muertos y una pregunta que vuelve siempre, como eco: ¿de verdad nadie lo vio venir?

La Frontera, o el territorio donde “no pasa nada”… hasta que pasa

La intersección de Libertador y Ameghino funciona como una especie de aduana informal. No se controla documentación ni se sella pasaporte. Se cruza, simplemente, a un territorio donde las normas parecen optativas. Picadas ilegales, maniobras temerarias y terrenos privados que, en la práctica, quedan fuera del radar policial.

El 12 de enero de 2026, esa frontera invisible se cobró otra víctima: un nene de 8 años, en estado crítico tras un choque frontal entre un UTV rojo y una Volkswagen Amarok. Hubo reanimación en el lugar. La hizo una médica que estaba ahí de casualidad. Casualidad pura. Como todo en La Frontera.

Un mes antes, en diciembre de 2025, otro episodio calcado: un niño atropellado por una joven en cuatriciclo. Sin casco. Con velocidad. Con la liviandad de quien cree que el verano suspende las leyes físicas.

Cruzar la frontera del sentido común (y no volver)

La clave, la verdadera clave aquí es esta: la imprudencia no es un accidente. Es un patrón. Menores al volante, vehículos con más ocupantes de los permitidos, cero protecciones y circulación por zonas expresamente prohibidas. Todo junto. Todo normalizado.

Entre 2001 y 2018, el 65% de las víctimas fatales en cuatriciclos en zonas turísticas bonaerenses fueron menores. No es un número suelto. Es una advertencia que nadie quiso escuchar del todo. A eso se suman prácticas que ya rozan la parodia: picadas en médanos, maniobras “extremas” y hasta aterrizajes ilegales de helicópteros. Falta el semáforo y listo, cartón lleno.

Una historia que se repite, como mala costumbre

La cronología parece escrita con copia y pega:

2016: un joven muere en cuatriciclo, durante la gestión de Martín Yeza.

2019: una mujer fallece al volcar su todoterreno en los médanos, pese a advertencias previas.

2022: dos muertes al inicio de la temporada, sin cascos, con niños involucrados.

2025-2026: choques múltiples en La Frontera y un menor con pronóstico reservado.

Siempre el mismo escenario. Siempre la misma sorpresa fingida.

Controles en la entrada, descontrol adentro

Municipio y Provincia muestran operativos prolijos en los accesos: licencias, cascos, seguros. La postal funciona. El problema empieza cuando se cruza a terrenos privados, donde el control se diluye y la frontera vuelve a correrse. El secretario de Seguridad, Lucas Ventoso, habla de “cambio cultural”. Suena bien. Pero mientras tanto, la cultura del “no pasa nada” sigue pasando factura.

Las críticas a las gestiones: ordenanzas hay, en Pinamar y en otros balnearios. Lo que falta es decisión para hacerlas cumplir cuando molestan.

Prohibir para que no sea noticia mañana

Los expertos en seguridad vial ya no dan rodeos. Proponen cerrar la frontera, en serio.

Prohibiciones que apuntan al núcleo del problema

Restricción total en playas y médanos privados, fuera de corredores habilitados, como marca la Ordenanza 5201/18. Clausuras reales, no simbólicas.

Edad mínima y límite de ocupantes: menores fuera del volante y máximo dos personas por vehículo, según la Ley 24.449.

Cero tolerancia a picadas y maniobras extremas: decomiso de vehículos y vigilancia con drones en accesos clave.

Multas que duelan

Las sanciones existen y no son menores:

Sin licencia o documentación: $180.000 a $540.000.

Sin casco o seguro: $180.000 a $360.000.

Maniobras peligrosas o exceso de velocidad: hasta $1.800.000.

Alcoholemia positiva: entre $855.500 y $2.053.200.

Qué más se puede hacer

Bases fijas con Gendarmería, fotomultas —más de 70 cámaras ya operan en la Costa Atlántica—, educación obligatoria en alquileres de vehículos, banderines, antenas y una legislación específica para cuatriciclos y UTV. No es ciencia ficción. Es gestión.

El cierre, del lado correcto de la frontera

La Frontera no es un accidente geográfico. Es una metáfora incómoda. Marca el límite entre diversión y negligencia, entre libertad y abandono. Pinamar puede seguir mirando para otro lado o puede decidir, de una vez, de qué lado quiere estar. Porque del otro lado, el de la irresponsabilidad total, ya sabemos cómo termina la historia. Y no tiene final feliz.

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