
Por: Bernardo Sabisky
La promoción turística no debería medirse solamente por la cantidad de visitantes que consigue. Para el presidente y fundador de la Organización Mundial de Periodismo Turístico, el desafío consiste en atraer viajeros capaces de respetar el territorio, su cultura y sus recursos.
El turismo que se quiere atraer también importa
La discusión sobre cómo promocionar un destino suele concentrarse en campañas, redes sociales y alcance. Sin embargo, Miguel Ledhesma planteó en San Salvador de Jujuy una cuestión menos evidente: no todo crecimiento turístico es necesariamente positivo.
La reflexión tuvo lugar este 7 de septiembre, durante el 18.º Congreso Internacional de Periodistas y Profesionales del Turismo, encuentro que reúne a periodistas, comunicadores y especialistas de distintos países.
“Podemos ser muy buenos en lo que hacemos, pero si las personas no saben que nos destacamos en eso, difícilmente podremos llegar lejos”, sostuvo Ledhesma al referirse al valor de la comunicación.
Las herramientas digitales ampliaron enormemente la capacidad de los destinos para llegar a públicos específicos. Pero también introdujeron nuevas reglas. Algoritmos e inteligencia artificial modifican de manera constante la forma en que una propuesta turística consigue visibilidad.
Más visitantes no siempre significa mejor turismo
Para Ledhesma, la cuestión central excede a la tecnología. Un territorio debe cuidar aquello que pretende mostrar antes de impulsar una llegada masiva de viajeros.
“Es importante comunicar, pero siempre desde un lugar donde uno da el ejemplo, cuidando y queriendo lo propio”, señaló durante su exposición.
El riesgo aparece cuando una campaña consigue aumentar la demanda sin que el destino tenga capacidad suficiente para acompañarla. Como ejemplo, recordó el caso de un destino patagónico cuya promoción resultó efectiva, pero posteriormente encontró dificultades ante una demanda superior a su capacidad de alojamiento.
La idea puede resumirse en una comparación sencilla: “Uno no deja entrar a cualquiera a su casa”. El planteo, aclaró, no apunta a establecer destinos elitistas, sino a educar al visitante, fijar límites y procurar que quienes llegan respeten las normas, la cultura y los recursos locales.
El periodismo turístico, ante una deuda pendiente
La discusión alcanza también a los medios. Según Ledhesma, los periodistas turísticos actúan como intermediarios entre los destinos y quienes todavía no los conocen, por lo que deberían ampliar las voces que intervienen en esas historias.
Funcionarios, empresarios y organismos oficiales suelen ocupar un lugar importante en las narrativas turísticas. Las comunidades locales, en cambio, tienen menor presencia.
“Tenemos una gran deuda pendiente con quienes habitan en los destinos”, afirmó.
Incorporar esas voces permitiría conocer no solo los beneficios del turismo, sino también las preocupaciones de quienes viven diariamente en esos territorios y el tipo de desarrollo que consideran deseable.
Comunicar también es cuidar
El planteo adquiere especial relevancia durante un congreso cuyo lema es “Cuando comunicar un destino genera viajes reales”. La premisa es directa: una historia, una imagen o una estrategia de comunicación pueden transformar el interés de una audiencia en desplazamientos concretos.
La verdadera clave, entonces, no estaría únicamente en conseguir más visibilidad. También en decidir qué se comunica, para quién y con qué consecuencias.
Una mirada hacia un turismo más responsable
La propuesta de Ledhesma deja una conclusión aplicable a cualquier destino: promocionarse más no equivale necesariamente a promocionarse mejor.
Una comunicación turística responsable puede ayudar a mostrar la identidad de un territorio y, al mismo tiempo, explicar por qué merece ser protegido. El objetivo final es que quienes llegan puedan disfrutar de ese lugar sin deteriorar aquello que originalmente despertó su interés.
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