
Por: Bernardo Sabisky
Entre 1944 y 1952, Buenos Aires fue escenario de una transformación urbana discreta pero profunda. En ese período, el arquitecto Carlos Ciríaco Massa proyectó y construyó 36 iglesias católicas en distintos barrios de la ciudad. No se trató de obras aisladas ni monumentales, sino de un plan sistemático, pensado para llegar rápido y con pocos recursos a zonas periféricas que crecían a un ritmo acelerado.
Detrás de ese impulso estuvo el cardenal Santiago Copello, entonces arzobispo de Buenos Aires, quien promovió la creación de nuevas parroquias como parte de una estrategia pastoral más amplia. La idea era clara: reforzar la presencia de la Iglesia en sectores populares, en un contexto atravesado por la secularización y las tensiones ideológicas de mediados del siglo XX.
Un arquitecto formado entre la fe y la técnica
Carlos Ciríaco Massa nació en 1897, en el barrio de Balvanera, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Se graduó como arquitecto en la Universidad de Buenos Aires en 1922, con una tesis centrada en la restauración del románico italiano. Esa elección no fue casual: el románico, con sus muros sólidos y su lenguaje austero, marcaría toda su obra posterior.
Antes de dedicarse de lleno a la arquitectura religiosa, Massa diseñó viviendas y colaboró con estudios reconocidos. También fue docente en la UBA, donde transmitió una visión de la arquitectura ligada al servicio y la funcionalidad. En 1932, su carrera dio un giro decisivo cuando Copello lo nombró arquitecto diocesano.
Un sistema modular pensado para llegar a tiempo
El rasgo más distintivo de las iglesias de Massa fue su sistema constructivo. Lejos de los templos únicos y costosos, desarrolló un modelo modular neorrománico inspirado en el románico lombardo-catalán. El esquema se apoyaba en cinco elementos básicos: torre-campanario, nave principal, presbiterio, capillas laterales y ábside.
Estos componentes podían combinarse según el tamaño y la forma del terreno, algo clave en barrios con lotes angostos o irregulares como Mataderos o Saavedra. El uso de hormigón armado, ladrillo visto —muchas veces reciclado— y moldes prefabricados permitió reducir los costos en torno a un 40% y completar las obras en plazos cercanos a los seis meses.
Iglesias “clonadas”, pero no idénticas
Aunque suelen llamarse “clonadas”, las iglesias de Massa no eran copias exactas. Investigaciones académicas, como las del profesor Juan Antonio Lázara en la FADU-UBA, identifican al menos siete patrones tipológicos distintos dentro de su producción. Cambiaban las proporciones, los detalles ornamentales y la disposición espacial, pero se mantenía una identidad común.
Muros gruesos, arcos simples, ventanas pequeñas y una única torre dominante definían una estética sobria y reconocible. La ornamentación, geométrica y contenida, dialogaba con el racionalismo de la época sin abandonar la tradición románica.
Patrón Neorrománico Lombardo-Catalán (6)
Santa María (Av. La Plata 286, Caballito, 1934).
Santa Amelia (Virrey Liniers 428, Almagro, 1936).
Tránsito de la Santísima Virgen (Perón 3333, Almagro, 1936).
San Alfonso (Mara de Luján Barzana 1525, P. Chas, 1934).
San Juan María Vianney (Av. San Martín 4460, Agronomía, 1944).
Ss. Saturnino y Judas (Miraflores 2080, P. Chacabuco, 1934).
Patrón Neorrománico Tardío (11)
San Bartolomé Apóstol (Chiclana 3659, P. Patricios, 1932).
Ntra. Sra. de Luján (Castrense) (Cabildo 425, Palermo, 1930).
Santiago Apóstol (Tte. Gral. Pablo Riccheri 3189, Núñez, 1932).
Resurrección del Señor (Dorrego 892, Chacarita, 1934).
Ntra. Sra. del Rosario (Bonpland 1987, Palermo, 1913*).
Cristo Rey (Zamudio 5551, V. Pueyrredón, 1931).
San Rafael Arcángel (Jos P. Varela 5272, V. Real, 1935).
San Ramón Nonato (Cervantes 1150, M. Castro, 1935).
Todos los Santos y Ánimas (Otero 145, Chacarita, 1928).
Santo Cristo (Fernández de la Cruz 6820, Lugano, 1934).
Corpus Domini (Albario 256, Liniers, 1934).
Patrón Neorrománico Económico (5)
Santa Teresa del Niño Jesús (Squirs 2941, Agronomía, 1930).
Ntra. Sra. de las Nieves (Ventura Bosch 6662, Liniers, 1940).
San Francisco Solano (Zelada 4771, V. Luro, 1928).
Santos Sabino y Bonifacio (Primera Junta 4095, P. Avellaneda, 1938).
Cristo Obrero y San Blas (La Fuente 3242, Pompeya, 1934).
Patrón Neorrománico Calchaquí (5)
San Pablo Apóstol (Álvarez Thomas y Palpa, Colegiales, 1928).
Santa Margarita María Alacoque (Pico 4950, Saavedra, 1942).
San Juan Bautista el Precursor (Yrurtia 5923, Saavedra, 1948).
Sagrado Simo Corazón de Jesús (Moliere 856, V. Sarsfield, 1945).
Ntra. Sra. de Luján de los Patriotas (E. Castro 7156, Liniers, 1934).
Otros Patrones (9 adicionales identificados)
Lázara clasifica el resto en neocolonial (2), campanario central (3) y atípicas (4), sumando 36 totales; ejemplos incluyen Santa Clara (1930), San Isidro Labrador (1931) y San Nicolás de Bari (1935) del archivo diocesano. Fuentes como videos y blogs confirman estas en barrios periféricos.
Hitos barriales con valor patrimonial
Más allá de su función religiosa, estas iglesias se convirtieron en verdaderos puntos de referencia urbana. Las torres-campanario, visibles a la distancia, actuaban como faros simbólicos en barrios en formación. Hoy, muchas de ellas siguen en pie, pese al paso del tiempo y a ciertos signos de deterioro.
En los últimos años, comenzó a crecer el interés por su valor histórico y arquitectónico. Integradas en circuitos de turismo religioso y patrimonial, ofrecen oportunidades para visitas guiadas, fotografía y actividades culturales, sumando una capa más a la identidad de los barrios porteños.
Un legado que todavía se redescubre
Carlos Ciríaco Massa murió en 1980, lejos del reconocimiento masivo. Su modestia y la falta de firmas en muchos planos contribuyeron a que su nombre quedara en segundo plano. Sin embargo, su obra sigue ahí, firme, formando parte del paisaje cotidiano de Buenos Aires.
Entender estas iglesias no es solo mirar edificios: es asomarse a una etapa clave de la historia urbana y social de la ciudad, donde la arquitectura buscó ser herramienta, presencia y refugio.
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