Ponen a Londres contra las cuerdas

Ponen a Londres contra las cuerdas

Por: Bernardo Sabisky

Los gobiernos de las tres naciones británicas preparan un memorando conjunto para reclamar el derecho a decidir su futuro constitucional. El acuerdo no convoca referéndums, pero abre una nueva etapa de presión sobre Londres.

Escocia, Gales e Irlanda del Norte se preparan para dar un paso político inédito: sus gobiernos coordinarán públicamente sus reclamos para que los ciudadanos puedan decidir, mediante las urnas, el futuro de su relación con el Reino Unido.

El instrumento será un memorando de entendimiento conjunto, cuya firma se espera en Cardiff, con la participación de John Swinney, por Escocia; Rhun ap Iorwerth, por Gales; y Michelle O’Neill, por Irlanda del Norte. También estará presente Mary Lou McDonald, líder de Sinn Féin.

La escena tiene un fuerte peso simbólico. Por primera vez, los partidos que gobiernan las tres naciones actúan coordinadamente en torno a una misma demanda: que Londres no pueda bloquear indefinidamente una consulta cuando exista suficiente respaldo ciudadano.

Pero hay una precisión fundamental. El pacto no convoca referéndums ni modifica por sí mismo el derecho vigente del Reino Unido.

Un acuerdo político con límites jurídicos

Aunque Escocia, Gales e Irlanda del Norte compartirán una posición política, sus situaciones constitucionales son diferentes.

En Escocia, la posibilidad de celebrar unilateralmente un referéndum legal está limitada por la interpretación vigente del Tribunal Supremo británico. Gales tampoco cuenta actualmente con competencia para organizar por sí solo una consulta de independencia.

Irlanda del Norte presenta un escenario distinto. El Acuerdo de Viernes Santo contempla un referéndum sobre la reunificación irlandesa cuando exista evidencia suficiente de que probablemente triunfaría esa opción.

La diferencia no es menor. Significa que una misma alianza política reúne tres realidades jurídicas que no pueden tratarse como si fueran idénticas.

Y ahí aparece el verdadero fondo de la disputa: si el Reino Unido debe entenderse como una unión cuya composición puede ser revisada democráticamente o si la decisión sobre su integridad territorial corresponde, en última instancia, a Westminster.

La disputa con Londres

La tensión aumentó después de declaraciones atribuidas al primer ministro británico, Andy Burnham, que parecían dejar abierta la posibilidad de un nuevo referéndum escocés si cambiaba el respaldo popular.

Posteriormente, Burnham aclaró su posición y rechazó establecer una nueva vía para celebrar una consulta.

La diferencia política quedó expuesta. Mientras Swinney sostiene que una mayoría de los sondeos respalda actualmente la independencia, el gobierno británico mantiene su negativa a habilitar un nuevo referéndum.

El memorando pretende convertir esa disputa bilateral en una cuestión territorial más amplia.

Escocia, el principal escenario de presión

Para el Partido Nacional Escocés (SNP), el acuerdo ofrece una oportunidad para mantener la independencia en el centro de la agenda política.

Escocia ya celebró un referéndum en 2014. En aquella votación, el 55% optó por permanecer en el Reino Unido frente al 45% que apoyó la independencia.

La cuestión recuperó fuerza posteriormente, entre otros factores, por la diferencia entre el resultado del Brexit en Escocia y el resultado general del Reino Unido.

Sin embargo, una ventaja en los sondeos no equivale necesariamente a una mayoría política estable. El escenario, por lo tanto, continúa abierto y sujeto a la evolución de la opinión pública y de las decisiones de Westminster.

El pacto podría intensificar esa disputa sin resolverla.

Gales busca primero más autonomía

La situación galesa tiene otro ritmo.

Antes que avanzar directamente hacia una separación, el gobierno galés ha planteado una estrategia gradual basada en una ampliación de competencias, cambios en el sistema de financiación y una construcción progresiva de respaldo social para la autodeterminación.

En ese camino aparecen cuestiones como el control de recursos naturales, las competencias fiscales, la infraestructura, el desarrollo regional y la protección del idioma galés.

Para Gales, entonces, el memorando puede funcionar tanto como una declaración sobre el derecho a decidir como una herramienta de negociación con Londres.

La independencia no necesariamente es el primer paso.

Irlanda del Norte, el capítulo más delicado

En Irlanda del Norte, la discusión tiene una particularidad que no comparten Escocia y Gales: existe una vía prevista en el Acuerdo de Viernes Santo para consultar a la población sobre una eventual reunificación con la República de Irlanda.

Una eventual consulta tendría, además, consecuencias que superarían ampliamente el terreno electoral. Estarían en juego identidades nacionales, posiciones comunitarias y el equilibrio político construido durante décadas.

Los sectores nacionalistas irlandeses podrían interpretar la coordinación como una oportunidad política. Los sectores unionistas, en cambio, podrían verla como una amenaza a la permanencia de Irlanda del Norte dentro del Reino Unido.

La controversia ya generó críticas contra Michelle O’Neill por parte del DUP, que la acusó de utilizar su cargo institucional para promover la agenda de Sinn Féin.

Una posible crisis constitucional

Si la coordinación se consolida, Londres enfrentará una presión diferente de la que supone la cuestión escocesa considerada de manera aislada.

Los gobiernos territoriales podrían utilizar el frente común para negociar asuntos vinculados con financiación, competencias, energía, comercio, políticas sociales y relaciones con la Unión Europea.

La discusión podría desembocar en una nueva reforma de la descentralización británica. Entre las posibilidades planteadas aparecen una mayor autonomía fiscal y legislativa y nuevos mecanismos de consulta sobre el futuro constitucional.

No hay, sin embargo, una consecuencia automática.

El memorando no es jurídicamente vinculante y tampoco establece que los tres territorios vayan a celebrar consultas simultáneas.

Qué podría cambiar si la disputa avanza

Las consecuencias más profundas aparecerían si alguna de las demandas desembocara efectivamente en un proceso de independencia o reunificación.

En ese escenario habría que resolver cuestiones económicas y administrativas de enorme complejidad: distribución de la deuda pública, activos, responsabilidades financieras, comercio, energía, infraestructura y funcionamiento de los servicios públicos.

Para una Escocia independiente también surgirían interrogantes sobre la moneda y sobre el futuro de las instalaciones militares británicas situadas en territorio escocés.

La cuestión nuclear tendría una importancia particular debido a la presencia en Escocia del principal emplazamiento de submarinos nucleares británicos.

En Irlanda del Norte, una eventual reunificación exigiría abordar la integración de servicios públicos, sanidad, educación, policía, justicia, pensiones, financiación y representación política.

Son procesos que, incluso en el supuesto de que llegaran a plantearse formalmente, requerirían negociaciones prolongadas.

La dimensión europea e internacional

El futuro de las tres naciones también tendría consecuencias fuera de las islas británicas.

Una eventual Escocia independiente no ingresaría automáticamente en la Unión Europea: debería atravesar un proceso de negociación y adhesión. Entre los asuntos a resolver aparecerían cuestiones relacionadas con comercio, moneda, fronteras, ciudadanía y obligaciones económicas.

Una eventual reunificación irlandesa tendría una dinámica diferente, dado que la República de Irlanda forma parte de la Unión Europea.

Para Bruselas, el escenario sería particularmente sensible. Cualquier transformación territorial del Reino Unido tendría implicancias para las relaciones entre la Unión Europea y Londres, además de posibles efectos sobre otros movimientos autonomistas europeos.

Qué puede ocurrir ahora

El primer paso es concreto: la firma del memorando conjunto.

Después comenzará la etapa verdaderamente compleja.

Escocia buscará mantener abierta la discusión sobre un nuevo referéndum. Gales parece orientarse hacia una ampliación gradual de su autonomía. Irlanda del Norte dependerá de la evolución política, demográfica y electoral y de las condiciones previstas por el Acuerdo de Viernes Santo.

Por eso conviene evitar una lectura apresurada. No hay tres referéndums convocados y el Reino Unido no está ante una disolución inmediata.

Lo que sí cambia es el escenario político: los gobiernos de Escocia, Gales e Irlanda del Norte están coordinando por primera vez su presión alrededor de una cuestión constitucional común.

Una nueva etapa para el Reino Unido

El memorando puede terminar siendo principalmente una herramienta de negociación, abrir el camino hacia una reforma de la descentralización o alimentar nuevas campañas independentistas. Su desenlace todavía no está definido.

Lo importante, por ahora, es el cambio de escala de la discusión.

La independencia escocesa, la autonomía galesa y la cuestión de la reunificación irlandesa dejan de aparecer únicamente como debates separados y pasan a formar parte de una conversación política más amplia sobre el futuro territorial del Reino Unido.

El proceso recién comienza. Y, precisamente por eso, las próximas decisiones de Londres y de los gobiernos territoriales serán más importantes que el valor simbólico de la fotografía de la firma.

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