
Por: Bernardo Sabisky
En un giro inesperado de la historia, el mate, esa bebida tan característica de Argentina, Uruguay y Paraguay, fue prohibido en el territorio que hoy conocemos como Argentina, allá por 1616. Aunque hoy es casi impensable imaginar la vida sin esta infusión, en el siglo XVII hubo un momento en que las autoridades coloniales intentaron erradicar su consumo. ¿Por qué? Según el gobernador Hernandarias, el mate era un «vicio abominable» que amenazaba la productividad y la moral de la población. Pero, a pesar de los intentos de la Corona española por erradicar la costumbre, la resistencia fue tan fuerte que la infusión nunca dejó de formar parte de la vida cotidiana.
Hernandarias y su cruzada contra el mate
El 20 de mayo de 1616, Hernando Arias de Saavedra, más conocido como Hernandarias, gobernador del Río de la Plata, emitió un decreto que prohibía la producción, venta y consumo de yerba mate en todo el territorio. Este drástico paso fue motivado por su preocupación por la productividad de los colonos. En palabras de Lucas Botta, historiador argentino, Hernandarias observó que el consumo excesivo de mate se estaba convirtiendo en una distracción que afectaba la capacidad de trabajo de criollos, españoles e incluso indígenas.
«Él nota que la gente labura poco porque está tomando mucho mate», explicó Botta en una entrevista con Viva la Radio por Cadena 3 Rosario. Según el gobernador, el mate se había convertido en un «vicio abominable y sucio», y su consumo desmedido estaba afectando la productividad de la región.
La medida fue tan radical que no solo se prohibió el consumo de mate, sino también la posesión y comercio de la yerba. Se impusieron severas multas y penas de prisión para quienes fueran sorprendidos violando la ley. Incluso se mandó a secuestrar y quemar toda la yerba mate que se encontraba en las calles de la ciudad. Sin embargo, la resistencia popular y la fuerza de la tradición llevaron a que el decreto fuera finalmente desestimado por la misma Corona española.
La respuesta del rey Felipe III
Tras la decisión de Hernandarias, el gobernador se comunicó directamente con el rey Felipe III, solicitando su respaldo para la prohibición del mate. Sin embargo, la respuesta de la monarquía fue sorprendente: Felipe III instó a Hernandarias a respetar las costumbres locales, un gesto que refleja la dificultad de imponer una norma que no se ajustaba a las prácticas culturales de la región.
“La respuesta es bastante rara en un reino”, indicó Botta, quien agregó que, a pesar de la oposición de la Corona, el decreto nunca logró imponerse completamente. El mate seguía siendo una bebida popular y, con el tiempo, se recuperó su lugar en la vida cotidiana.
El mate: un símbolo nacional
Aunque el mate fue considerado un «vicio» en su momento, la bebida nunca dejó de ser un pilar cultural para los habitantes del Río de la Plata. De hecho, la infusión tiene raíces profundas en las costumbres de los pueblos originarios, especialmente en los guaraníes, quienes ya utilizaban la yerba mate en ceremonias religiosas mucho antes de la llegada de los colonizadores.
Para los colonos españoles, el mate representaba una costumbre exótica que rápidamente se convirtió en una adicción, sobre todo entre los sectores populares. Según Botta, “el mate siempre estuvo más ligado a los sectores más populares”, mientras que las élites preferían otras bebidas, como el chocolate caliente. De hecho, el mate fue considerado un símbolo de holgazanería, algo que, según algunas personas, persiste en la visión popular de la bebida en la actualidad.
Una tradición imparable
A pesar de los intentos de prohibición, el mate se mantuvo firme. No solo resistió el paso del tiempo, sino que se consolidó como un ícono de la cultura argentina, especialmente en las décadas posteriores a la prohibición. Hoy en día, el mate es una parte esencial de la identidad nacional, presente en todos los hogares del país y un símbolo de unión y convivencia.
El caso de Hernandarias y su intento de erradicar el mate resalta la fuerza de las tradiciones populares y cómo, a pesar de las prohibiciones, las costumbres locales son difíciles de erradicar. Y aunque la historia de la prohibición parece lejana, sigue siendo un recordatorio curioso de cómo un simple gesto, como tomar mate, puede ser visto como un acto de resistencia cultural.
La historia del mate prohibido es un relato fascinante de resistencia y cultura. Aunque en su momento fue visto como un “vicio” por las autoridades coloniales, el mate ha sobrevivido a lo largo de los siglos para convertirse en un símbolo irremplazable de la vida cotidiana en Argentina y en otros países de la región. Y, aunque hoy en día parece inimaginable, en 1616 hubo un momento en que el mate fue considerado una amenaza para la productividad.
VIAJES FOTOS Y COMIDA DE BERNARDO SABISKY